simbolo-destinoLas discusiones sobre las consecuencias de grandes acontecimientos o personajes trascendentes son complejas. No obstante, en mis círculos encuentro una actitud curiosa que Javi soporta (o justifica) con un refrán alemán: “No tires al niño con el agua de la bañera”. Para mí que es un mezclete de sesgos cognitivos, que, digo yo, andará entre un prejuicio de retrospectiva, la falacia del historiador y ¿un sesgo de correspondencia? O alguno. En fin, a lo que voy, que es lo que me molesta.

Al final, viene a ser una especie de destino manifiesto retroactivo, en el que, si bien no hablamos de personas que crean en un verdadero fatum universal (o al menos no lo creen en las cosas en las que no son intelectualmente perezosos), sí que tratan de justificar prácticamente cualquier mierda pasada, no en base a su propia solidez, sino en base a lo que consideran sus consecuencias, tomándolas siempre por “aportes”.

No obstante, lo que ocurre después de una cagada no es de por sí consecuencia de la lección aprendida ni de la reflexión o de falsar nada, sino sólo la forma, a menudo lenta, tediosa y cargante, que tienen los sucesores o estudiosos del responsable de enmascarar – nadie está libre de desbarrar, lo malo es encariñarse con la piedra – que le siguieron cuando eran más jóvenes.

– ¿Como el psicoanálisis?
– Como el psicoanálisis.
– ¿O Nacho Cano?
– Ni nada después de Bach.
– ¿O el inconsciente?
Se sobreentendía.
– ¿O la homeopatía?
Sííí
– ¿O la guerra contra las drogas?
– Basta.

Las consecuencias de que alguien eche ácido en la bañera del bebé y luego comparta su experiencia no son necesariamente originales, y mucho menos necesarias. No: no era necesario echarle ácido al bebé para tener ese conocimiento. De la misma manera, aunque más intrincada, podemos echar la vista atrás y lamentar cómo cayó Roma, alegrarnos de una feliz idea en la corte de Alfonso II el Casto, o pensar que mejores hombres pudieron operar contra catervas de hijos de la gran puta en pasados y tristes episodios. No, no era necesario liarla parda, [Godwin censored], así que no me vengáis con excusas. Para evitar tener que reaprender mucho de lo reaprendido en los más tristes y más recientes episodios pudo bastar con una pastillita, un colacao y hale, [Godwin censored] a la cama a leer, que estás pajizo.

– O sea, que nunca pasó lo que tenía que pasar.
– No sólo eso, sino que, si no pasó lo que tenía que pasar, tampoco es necesario respetar lo que ocurrió, y, no respetándolo, no es necesario revesti…
– Estás empezando a ripiar.
– Lo sé.

Cuando os reviséis, tratad de atender a si, en algún momento, estáis tratando de justificar que algo en lo que creísteis erradamente era, en cierta medida, “necesario”, o supuso un “importante aporte, aunque esté superado”, reconociéndoos con ello, en el fondo, acorralados, pero de alguna forma manteniendo en el campo de batalla, mientras vosotros escapáis, un soldadito de plomo (o de paja) que os calma la frustración del error.

Por supuesto, muchos intentos de explicar la realidad aportan pasitos de bebé positivos y en la dirección correcta, pero ojocuidao, atentos, que estamos hablando de una versión edulcorada de aferraros a ello con uñas y dientes. Los errores están para abandonarlos y crecer.

No, señores. Si lo que hubo no estaba destinado a ocurrir en vuestra vida, tampoco en sus alrededores espacio-temporales.

– Vaya por Thor.

Gilipollas.